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 Jesse Pomeroy, el niño Psicopata

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DannyDemoniack

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Edad : 29

MensajeTema: Jesse Pomeroy, el niño Psicopata   Jue Ago 04, 2011 11:30 pm




Ilustración de Jesse Pomeroy cuando adolescente










Uno de los primeros casos conocidos acerca de
niños asesinos es el del norteamericano Jesse
Harding Pomeroy, nacido el 29 de Noviembre de 1859 en
el pueblo de Charleston, Massachusetts. Fue el segundo
hijo de Thomas y Ruthann Pomeroy, personas que
vivían en la medianía económica de
ese entonces. Se dice que el padre de familia era un
sujeto abusivo y alcohólico, no muy diferente de
la gran mayoría de hombres de su
condición. Por cualquier motivo que lo
enfureciera, llevaba a sus hijos a una cabaña
donde los desnudaba y aporreaba hasta aplacarse. De
estas palizas Jesse no asimiló la idea de la
buena conducta, sino una forma pervertida del placer y
la diversión.





De acuerdo a los relatos de la época la
apariencia de Pomeroy inspiraba miedo. El mismo estaba
conciente de que era un sujeto diferente. Su cuerpo era
muy grande para su edad, así como su cabeza,
orejas y rasgos faciales poco favorecedores. Su ojo
derecho carecía de iris y pupila,
confiriéndole un aspecto aterrador. Según
que ni su propio padre podía mirarlo sin
experimentar un escalofrío.




Como siempre ocurre, en consecuencia o a causa de ser
diferente, Pomeroy era un sujeto retraído y
solitario. Nadie lo recordaba sonriendo pero si por sus
extraños ataques nerviosos que de vez en cuando
lo atacaban. Por lo tanto durante su tierna
niñez seguramente fue pasto de los niños
abusadores de su cuadra.




En casa de la familia Pomeroy no podía haber
mascotas. De forma inopinada, aparecían muertos.
Una vez, los canarios de la señora Pomeroy
aparecieron con las cabezas arrancadas y después
de que descubriera a Jesse torturando al gato de los
vecinos, se decidió que no entraban más
animales al domicilio. Esta conducta violenta contra
los animales forma parte de la clásica triada
fatídica observada en la mayoría de los
asesinos seriales del mundo. Los animales constituyen
la experimentación del sadismo y la violencia
que en un futuro el psicópata ha de aplicar a
sus semejantes.




En una suerte de lenta pero trágica
evolución, Pomeroy decidió descargar sus
locuras contra nuevas presas, eligiéndolas de
acuerdo a su edad, niños más
pequeños que el. El primero fue el niño
William Paine que fue hallado un día de
diciembre de 1871 por dos hombres que caminaban por una
calle solitaria. Habían escuchado un lloro quedo
y apagado y al acercarse a una pequeña
cabaña pudieron escucharlo con mayor claridad y
al entrar quedaron sorprendidos al ver al
pequeño niño de 4 años colgar de
las manos, que estaban atadas con una cuerda suspendida
del techo del lugar. Apenas conciente lloraba Paine,
cubierta su espalda de laceraciones y fuertes
moretones. No pudo denunciar a su atacante.





Ruthann Pomeroy, madre del sádico bribón




El siguiente fue Tracy Hayden de 7 años quien en
Febrero de 1872 fue engañado por Pomeroy para
llevarlo a un lugar apartado con la promesa de ir a ver
a los soldados. Una vez apartados de cualquier
distracción, procedió a amarrarlo y a
torturarlo con la misma furia que había aplicado
al pequeño Paine. Del ataque Hayden
resultó con los ojos morados, los dientes
frontales tirados, la nariz rota y el torso cubierto de
heridas y verdugones. Tras este episodio la
policía solo pudo enterarse que el atacante era
un muchachito de cabello castaño, escasa
información como para que las autoridades
pudieran hacer algo al respecto.




Luego a mediados de Abril de 1872 Pomeroy
prometió llevar al circo al jovencito de 8
años Robert Maier y después de caminar
hasta sus apartados dominios lo sometió como
acostumbraba con sus víctimas. Lo desnudó
casi por completo y mientras lo golpeaba con una vara
lo obligaba a maldecir. Maier reportó que
mientras Pomeroy lo vapuleaba se masturbaba disfrutando
el sufrimiento que le provocaba. Al terminar lo
soltó y le juró que lo mataría si
lo delataba con alguien. Después huyó del
lugar. La policía comenzó a actuar
interrogando numerosos adolescentes de cabello
castaño. Los medios comenzaron a mostrarse
nerviosos y los padres advertían fervientemente
a sus hijos no juntarse ni hablar con extraños
en la calle. Por alguna razón la
descripción del sádico bribón
derivó en la de un adolescente de barba y
pelirrojo. Mientras tanto el lampiño y
castaño Jesse Pomeroy escapaba con comodidad de
la búsqueda policial.




El siguiente golpe, a mediados de Julio, fue contra un
niño desconocido de 7 años a quien le fue
propinado el mismo tratamiento que a los demás,
es decir una feroz paliza hasta que Pomeroy alcanzo el
orgasmo. Esta vez la policía ofreció una
recompensa de $500 dólares a quien ayudara en la
captura del "sádico bribón" como era
llamado el adolescente que atormentaba los niños
de Boston.




Poco tiempo después Ruth Pomeroy decidió
que su familia se mudara al sur de Boston. Se especula
que la señora sospechaba acerca de la posible
responsabilidad de su hijo en los recientes ataques a
infantes. Aunque es posible que se hayan movido por
cualquier motivo. Sin embargo cuando los ataques
también se escenificaron de Chelsea a su nuevo
rumbo seguramente algo debió haber pensado, pero
no se sabe realmente. La madre de Jesse siempre
permaneció fiel a su hijo, y negaría las
imputaciones formuladas contra su hijo.




George Pratt andaba en las calles cuando fue abordado
por Pomeroy y con al promesa de recompensarlo con un
dinero por traer un mandado lo condujo a un lugar
solitario donde comenzó su inhumano ataque.
Después de atarlo y desnudarlo lo aporreó
sin misericordia con un cinturón. Esta vez
elevó el nivel de sus atrocidades,
mordiéndole un cachete y
arañándolo profundamente en la piel.
Varias veces le enterró una larga aguja en
diversas partes del cuerpo. Intentó inclusive
clavársela en un ojo, pero Pratt logró
enconcharse antes que Pomeroy lograra su objetivo. Por
fortuna, el sádico bribón había
saciado su sed de violencia y huyó del lugar no
sin antes morderle un glúteo al desafortunado
niño. Una vez visto el caso por las autoridades
concluyeron que no podía ser obra más que
de un sujeto demente, entonces temieron lo peor, que
continuara la racha de ataques.




El siguiente desventurado fue el niño de 6
años Harry Austin con quien Pomeroy
evidenció que su depravación aumentaba en
espiral, aparte de la usual paliza, esta vez
empleó su navaja de bolsillo para
apuñalar en brazos y hombros a su
víctima. Se disponía a rebanarle el pene
cuando fue interrumpido ante la cercanía de unas
personas. Pocos días después atacó
al niño Joseph Kennedy a quien a la vez que
aporreaba lo obligaba a recitar oraciones religiosas
plagadas de obscenidades. A Kennedy le provocó
una fuerte cortada en la cara con su cuchillo y luego
lo llevó a la orilla del mar para echarle agua
salada en las heridas. El chiquillo de 5 años
Robert Gould fue el siguiente en caer engañado
por Pomeroy quien le había prometido llevarlo a
ver soldados, para luego someterlo cerca de una
estación de trenes. Cuando amenazaba al chico
con la punta de su navaja en el cuello, Pomeroy se dio
cuenta que era observado por unos ferrocarrileros y
tuvo que huir. Para fortuna de la policía Gould
aportó pistas más concretas, como que su
atacante era un joven adolescente de cabellos
castaños y un ojo totalmente blanco.




A fines de 1872 la policía efectuaba visitas a
las escuelas del sistema público de Boston con
la esperanza de encontrar al sádico
bribón a quien creían, pronto se
convertiría en un temible homicida. Un
día de Septiembre visitaron la escuela de
Pomeroy, pero el joven Kennedy no podía
identificar entre los alumnos a su atacante. Ese mismo
día que la policía había visitado
su salón, Pomeroy al regresar a su casa,
decidió darse una vuelta por la estación
policial y al pasar tan cerca, fue súbitamente
identificado por Kennedy quien continuaba con sus
declaraciones. No esta muy claro el porque de esta
conducta pero es muy posible que Pomeroy haya estado
involucrado en una suerte de juego del gato y el
ratón con la policía. Eso ha ocurrido
muchas veces con psicópatas de ese estilo.
Cuando Pomeroy pasaba, Kennedy lo alcanzó a ver
en la estación y logró hacer que la
policía persiguiera al sádico
bribón que inmediatamente fue puesto bajo
arresto. A pesar del intenso y severo interrogatorio,
Pomeroy se mantuvo tranquilo clamando su inocencia en
todo momento. Lo despertaron a media noche en la celda
donde había sido confinado y con la amenaza de
ser encarcelado por 100 años, finalmente Jesse
Pomeroy se dio por vencido. Al día siguiente fue
llevado para que todas sus víctimas lo
identificaran lo cual parece ser ocurrió sin
mayor problema. Entonces lo que faltaba era que un
magistrado le dictara sentencia. Como se esperaba, su
madre testificó a favor de Pomeroy, porque no
podía ser de otro modo. Cuando le preguntaron
por qué lo había hecho, solo atino a
decir "no pude evitarlo..." a la vez que agachaba su
cabeza en señal de vergüenza. La sentencia
fue el ingreso a un reformatorio juvenil hasta que
cumpliera 18 años, es decir la mayoría de
edad. Madre e hijo psicópata abandonaron en
lágrimas la corte según las
crónicas de la época.




El reformatorio juvenil Westborough se convirtió
en el siguiente hogar de Jesse Pomeroy. Aquel lugar
albergaba a jóvenes infractores y a muchachos
malcriados o difíciles de tratar a quienes sus
padres enviaban ahí para quitarse un gran peso
de encima. Instituciones de este tipo
difícilmente reformaban a alguien en esa
época. Simplemente el hecho de encerrar bribones
peligrosos provocaba en ellos la aparición de
una mentalidad salvaje y oportunista en que los
más fuertes sometían al resto. En un
lugar así podría florecer un chico listo
y sádico como Pomeroy quien desde un principio
entendió que si deseaba salir antes de cumplir
los 18 años debía demostrar una conducta
intachable. Según se cuenta, vivió la
mayor parte del tiempo en soledad pues los chicos
mayores lo molestaban y los menores le sacaban la
vuelta, conscientes del porque estaba ahí
recluido. La dura rutina de Westborough
consistía en trabajos forzados y clases
obligatorias diarias. Como un interno modelo Pomeroy
evadió eficientemente los castigos y las
reprimendas, pero siempre estaba al tanto de todo
detalle e incidentes cuando alguien era castigado. Tras
quince meses de encierro el comité de libertad
condicional aprobó su salida. Mientras Jesse
purgaba condena, su madre hacía campaña
por la liberación y exoneración de su
hijo enviando cartas a las autoridades y a quien
estuviera dispuesto a escuchar su punto de vista, sin
embargo fue la buena conducta de Pomeroy que
movió a los magistrados juveniles a liberarlo.




Los Pomeroy prometieron esmerarse en la vigilancia de
su hijo a quien habían dejado vagar más
de la cuenta. La señora tenía una tienda
de ropa y su hijo mayor un puesto de periódico,
negocios en los cuales emplearían al joven Jesse
para que no perdiera el tiempo. A pesar de los
horribles crímenes de que se había
acusado a Pomeroy, la policía consideraba que no
se debía ser muy duro y por mucho tiempo contra
el chico y que se le debía dar una oportunidad
de redimirse asimismo. A ninguna autoridad se le
ocurrió informar a nadie en la comunidad donde
vivía Pomeroy, que éste había sido
liberado. La gente vivía bajo la creencia de que
el sádico bribón del ojo blanco
estaría bien guardado por varios años.




No pasaron ni los dos meses en libertad cuando Pomeroy
atacó cuando la oportunidad se presento a la
puerta de la tienda de su mama. El 18 de Marzo de 1874
muy temprano Jesse efectuaba la limpieza y platicaba
con un empleado de apellido Kohr, de la misma edad que
Pomeroy cuando llegó la niña Katie Curran
a preguntar por un cuaderno de notas. La chica
explicó que tenía un nuevo profesor y
deseaba un cuaderno nuevo. Para su desgracia la primera
tienda que había visitado no tenía ya la
mercancía solicitada. Inmediatamente Pomeroy
urdió una treta para tener a la jovencita. Dijo
que quedaba un cuaderno pero manchado de tinta y que
había que buscarlo dentro de la tienda, entonces
mandó al ayudante Kohr con el carnicero a
conseguir comida para las mascotas dejando libre el
camino para sus obscuros deseos. La inocente chica
siguió a Pomeroy a unas escaleras que daban a un
especie de sótano en el edificio, confiada en la
explicación de que abajo también
tenían una tienda. Solo al final pudo darse
cuenta que había sido engañada, pero era
demasiado tarde. Fue sometida velozmente por Pomeroy
quien con su navaja de bolsillo la degolló
brutalmente. Cuando el cuerpo fue descubierto su
avanzado estado de descomposición hizo muy
difícil conocer el grado de daños que
había recibido. Después de asesinar a la
pequeña Katie, Pomeroy se lavó la sangre
y regresó al puesto a seguir trabajando como si
nada hubiera ocurrido. El cadáver
permaneció donde lo había dejado sin que
nadie notara nada extraño hasta que la
policía fue a rescatarlo.





La madre de Curran comenzó a buscarla a la hora
de que la niña había salido de su casa.
Su búsqueda resultó infructuosa y con
escasa cooperación de la policía quienes
en todo momento evitaron incriminar a Jesse Pomeroy en
la desaparición de Katie, a pesar de la
declaración del ayudante Kohr y del turbio
pasado reciente del sádico bribón. Luego
apareció un testigo que aseguró haber
visto como Katie Curran había sido introducida a
un vagón de tren, entonces la policía
determinó que se trataba de un secuestro y el
caso quedó congelado.




La sed de sangre de Pomeroy estaba lejos de terminarse
tras el crimen contra Katie Curran, poco después
seguía en lo mismo, en busca de algún
ingenuo chico a quien engañar con la promesa de
dinero, dulces o lo que fuera para llevarlo a un sitio
apartado donde asaltarlo. Y tal iba a ser el destino
del chico Harry Field a quien le prometió unos
centavos por llevarlo a una calle que dijo no saber
como llegar a ella. Una vez que dieron con el lugar,
Pomeroy se tornó violento y amenazó al
chico con matarlo si gritaba. Para la enorme fortuna de
Harry ocurrió que cuando iban por la calle, un
rapazuelo vecino de Pomeroy apareció en el
camino y comenzaron a gritarse de un lado de la calle a
otro, ese momento fue aprovechado por Harry para huir
corriendo y no paró hasta llegar a su casa.




Trágicamente el siguiente niño en caer en
las garras de Pomeroy no tuvo la misma buena suerte que
Harry Field. El niño Horace Millen se
encontró con el sádico bribón en
la calle y fácilmente cayó envuelto en
las tretas que siempre aplicaba para llevar lejos a sus
víctimas. Antes de eso, entraron a una
pastelería por un bocadito que felizmente iban
comiendo ambos durante el camino a las partes
pantanosas y solitarias del sur de Boston. Esta vez
numerosos testigos vieron a la inusual pareja de
"hermanos" caminar por las calles y fuera de la ciudad.
Una señora testificó acerca de lo
extraño que lucía el chico mayor, quien
irradiaba una rara felicidad y excitación
mientras caminaba de la mano del niño
pequeño quien a su vez provocó
extrañeza por sus buenas ropas que portaba.




De acuerdo a Pomeroy, cuando llevaba a Millen de la
mano hacia un lugar apartado casi no podía
controlar sus impulsos y supo desde el primer momento
que quería asesinar al niño de 4
años. Esta vez quería estar seguro que
nadie lo interrumpiera y por eso caminaron largo rato
hasta llegar a un paraje arenoso donde se sentaron a
descansar. Horace Millen aún no se daba cuenta
que la promesa de ir a ver un barco de vapor no era mas
que una excusa del sádico bribón para
asesinarlo. Con su cuchillo de bolsillo Pomeroy
descargó un furioso ataque a la garganta del
inocente chico, a pesar del sangriento ataque, Millen
no había muerto y peleaba por su vida. De
acuerdo al reporte del forense había numerosas
heridas de las llamadas defensivas en brazos y manos.
Pero un niño de 4 años gravemente herido
no era remotamente rival de un joven psicópata.
Se contaron hasta 18 heridas en el tórax y lo
más impactante fue ver como las uñas de
las manos estaban firmemente incrustadas en las palmas
como evidencia de la agonía y atroz muerte
experimentada por el niño Horace Millen. Cuando
su cadáver fue lavado apareció su ojo
apuñalado también, así como
heridas profundas en el escroto lo cual indicaba el
intento de castrar al niño.




Unos niños que jugaban en la playa descubrieron
el cuerpo e inmediatamente avisaron a unos
señores que cazaban patos en las
cercanías. Para ese entonces la familia de
Horace ya lo buscaba por todos lados y el padre de
familia ya había reportado la
desaparición a la policía. Para la noche
a las 9, la familia era informada de la muerte de su
hijo. Inmediatamente vino a la mente de las autoridades
el sospechoso número uno, aquel chico despiadado
que gustaba de torturar niños pero no
podía ser posible que fuera el, dado que purgaba
condena en un reformatorio juvenil. Tardo poco en que
se confirmara la aterradora realidad, aquel
sádico bribón había sido puesto en
libertad condicional no hacía mucho tiempo. Se
despachó una patrulla a su casa y a pesar de las
airadas protestas de Ruthann Pomeroy el chico fue
conducido a la policía.




El vejete Jesse Pomeroy




Mostrando la mayor de las tranquilidades, Pomeroy
resistió el primer interrogatorio negando
conocer acerca del crimen que se le imputaba. Sin
embargo no pudo ofrecer una buena coartada, pues no
tenía una explicación convincente sobre
su paradero desde las 11 de la mañana hasta las
3 de la tarde. Luego con su habitual frialdad fue
dejado durmiendo en la celda de la comisaría.
Mientras tanto los oficiales tomaron su calzado que
tenía adheridos pastos del pantano y lodillo.
Con los zapatos de Horace Millen y los de Pomeroy
reconstruyeron los pasos de los chicos que los ubicaban
a ambos en la escena del crimen. Mediante yeso
compararon las huellas más grandes coincidiendo
a la perfección con las suelas del sádico
bribón. Aquel procedimiento era normalmente
aceptado en los procesos judiciales de la época.
Temprano al día siguiente despertaron a Jesse y
lo confrontaron con el hecho de que ahora lo
podían ubicar sin lugar a dudas en la escena del
crimen y le sugirieron ir a ver el cuerpo de Millen a
la morgue. Obviamente el chico se negó
rotundamente diciendo que él nada tenía
que ver con el asunto. Sin embargo una vez puesto de
frente al mutilado cadáver Pomeroy no pudo
resistir la presión y terminó por admitir
su culpa. Entre sozollos admitió "Lo siento, yo
lo hice... por favor no le digan a mi mama!..." Los
detectives le preguntaron si sabía que iba a
ocurrirle a continuación a lo que
respondió que no sabía pero que por favor
lo pusieran en lugar donde no pudiera hacerle
daño a nadie. La acusación y la
convicción del crimen ocurrieron de manera
expedita. Sin mayores trámites tanto la
policía como los medios habían encontrado
al culpable a quienes no bajaban de ser un monstruo de
la sociedad y es que visto en retrospectiva, en
realidad lo era. El comité de libertad
condicional juvenil fue severamente cuestionado por
haber liberado al sádico bribón.




Tras la detención de Pomeroy y la consecuente
lapidación pública de su familia, la
señora Ruthann vio caer al suelo su tienda de
ropa y sin embargo insistía en la inocencia de
su joven hijo. Ya nadie se acercaba a su comercio a no
ser para ver donde trabajaba el sádico
bribón. Mientras ella caía en desgracia
económica sus rivales de enfrente ampliaban sus
negocios de modo que le ofrecieron comprar sus locales.
Cuando los trabajadores fueron a hacer las
remodelaciones y adecuaciones encontraron en el
sótano el cadáver putrefacto de Katie
Curran. No hubo una sola duda acerca de la culpabilidad
de Pomeroy en la muerte de la chiquilla. Pero si
resultó entretenido saber si la familia estaba
enterada al respecto. Cuando le informaron a Jesse
sobre el nuevo muertito que le cargarían encima
negó toda relación con el suceso, pero
confrontado con el hecho de que su madre y hermano
serían cargados con el crimen terminó por
doblarse y confesar. Paso a paso el sádico
bribón recordó los acontecimientos de esa
mañana cuando la niña Curran fue a
comprar una libreta de apuntes a su tienda y de como la
había conducido abajo para poderla asesinar. No
sabía porque lo había hecho, solo
quería observar su reacción. La pena
impuesta a los asesinos de este tipo en el estado de
Massachusetts era la horca.





En 1917 ahora con la población general de la
prisión




La defensa de Pomeroy se concentró en el crucial
debate acerca de la locura de su cliente o que
simplemente estuviera mentalmente enfermo. Pero
quedó definitivamente establecido que su
defendido conocía y admitía que sus actos
estaban mal, por lo que la batalla legal fue perdida
sin remedio. Jesse Pomeroy fue sentenciado a la horca,
sin embargo no hubo gobernador alguno que se atreviera
a firmar la sentencia. Ya fuera por convicción
personal o por cálculo político en
tiempos electorales la decisión respecto al
sádico bribón tomó mucho tiempo y
continuos aplazamientos. Y es que era muy
difícil para la autoridad ejecutar a un chico de
14 años ¡Jamás había
ocurrido la necesidad de ejecutar a un hombre tan joven
en la historia penal de la nación! Todos se iban
pasando la papa caliente de mano en mano. Finalmente el
gobernador Alexander Rice tomó una
decisión, tras escuchar el veredicto de un panel
de asesores quienes recomendaban la ejecución
como solución final a este molesto asunto
público. Rice entonces aceptó que el
castigo debía ser ejemplar pero no la pena
capital y sin publicitar su decisión, impuso la
cadena perpetua para Pomeroy, no solo eso, esta
debía ser cumplida en solitario. Era algo
así como enterrar vivo al sádico
bribón.





Jesse Pomeroy en 1929 trasladado al hospicio donde
terminaría sus días




Durante su encarcelamiento la única persona en
visitar a Jesse Pomeroy fue su madre mes tras mes,
hasta que ella murió y nadie más fue a
visitarlo de nuevo. Comía solo y se ejercitaba
en un patio sin que lo acompañara nadie. Le era
permitido bañarse unas cuantas veces y le era
abastecida su celda con abundante material de lectura.
Pronto su mundo fue un cuarto de acero y concreto
condición en el cual permaneció por 40
años. Durante este tiempo estudio varias lenguas
pero jamás tuvo la oportunidad de practicar
ninguna realmente. Mucho tiempo trató de planear
un escape. Inclusive escarbó la pared hasta
llegar a la tubería del gas tratando de volar la
puerta de su celda. Hay quienes aseguran que no trataba
de huir, sino de terminar con su propia vida. En 1917
su castigo fue disminuido y se le permitió
integrarse a la población general de la
prisión. A veces resurgía su nombre en
periódicos y de vez en cuando algún
reportero preguntaba sobre su actual condición.
Cuando fue puesto con los demás disfrutaba como
nadie saberse aún celebre por las atrocidades
cometidas hacía cuatro décadas. Pero
luego pasó el tiempo y los nuevos internos nada
sabían acerca del viejo Pomeroy. En 1929 fue
removido de Charlestown para llevarlo a un hospicio de
la policía donde pasó los dos
últimos años de su vida plagado de
enfermedades y en franca agonía. Su deseo final
fue ser cremado y que sus cenizas fueran esparcidas a
los cuatro vientos. Jamás mostró
remordimiento alguno por sus víctimas.
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rioko

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MensajeTema: Re: Jesse Pomeroy, el niño Psicopata   Vie Ago 05, 2011 9:28 pm

Que malo fue este tipo que mal que allá gente así en este mundo
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DannyDemoniack

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MensajeTema: Re: Jesse Pomeroy, el niño Psicopata   Sáb Ago 06, 2011 12:54 am

Hubo, Hay y Habra personas como estas Hasta que la sociedad se dedique a ver Animes y aprenda los buenos valores que este te inculca!
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rioko

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MensajeTema: Re: Jesse Pomeroy, el niño Psicopata   Lun Ago 08, 2011 9:58 pm

DannyDemoniack escribió:
Hubo, Hay y Habra personas como estas Hasta que la sociedad se dedique a ver Animes y aprenda los buenos valores que este te inculca!
hahahahahahahahaha
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DarkCross

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MensajeTema: Re: Jesse Pomeroy, el niño Psicopata   Jue Oct 13, 2011 10:47 pm

pues un poco enfermizo lo que realizaba XD
pero weno, como no le pudieron capturar al comienzo y de = forma que no le pudieran delatar con claridad las primeras victimas, eso con psocologos sale y le atrapaban desde temprana edad pero weno

interesnte informacion se agradece

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MensajeTema: Re: Jesse Pomeroy, el niño Psicopata   

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Jesse Pomeroy, el niño Psicopata
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